viernes, 2 de octubre de 2009

Publicación en el Diario POR ESTO! - Lunes 28 de septiembre del 2009

IMPACTO AMBIENTAL
Un negocio dañino para Cozumel

Juan José Morales

A pesar de las protestas de los diversos sectores sociales y económicos de Cozumel, y las advertencias de científicos tan prestigiados como el Dr. José Sarukhán, coordinador de la Comisión Nacional para el Estudio de la Biodiversidad (Conabio) y la Dra. Julia Carabias, ex secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, en breve —según los anuncios oficiales— deben iniciarse los trabajos de lo que se ha denominado restauración de playas de Cancún y Playa del Carmen, aunque más bien debe decirse construcción de playas artificiales, pues se trata de formar nuevos arenales con material extraído de un gran banco arenoso situado a corta distancia del extremo norte de la isla de Cozumel.

Y si ha habido tanta oposición al proyecto pos parte de la comunidad y los científicos, es porque se teme —con fundamento— que la extracción de millones de toneladas de arena de ese lugar tenga graves consecuencias ambientales sobre los humedales del extremo norte de Cozumel, que tienen una gran importancia ecológica. Tan es así, que en febrero de este año el gobierno mexicano los registró en el Listado de Humedales de Importancia Internacional de la Convención de Ramsar, y ya todo estaba listo para declararlos área natural protegida el pasado 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente. Sin embargo, en el último momento se canceló la declaratoria. Ahora resulta claro que ello fue para no entorpecer el gran negocio que será la llamada restauración de playas.

Muchas aristas —bastante filosas por lo demás— tiene este asunto. Por principio de cuentas, muchos expertos se preguntan por qué, habiendo cerca de las playas de Cancún, grandes bancos de arena —formados en parte con el propio material erosionado de las playas—, no se utilizan para la recuperación. La respuesta es, al parecer, que se decidió favorecer con el contrato —por casi mil millones de pesos— a la empresa extranjera Jan de Nul, que utiliza dragas enormes, y a la cual le conviene por razones técnicas operar en Cozumel.

Pero —dicen los defensores del medio ambiente— si bien trabajar en ese lugar resulta ventajoso para la empresa, es muy dañino ecológicamente, ya que se trata de una zona de reproducción de diversas especies marinas. Además, ese banco de arena constituye una defensa natural contra los huracanes, y si de los 40 millones de metros cúbicos que contiene se extraen 21 como se proyecta, se reducirá sensiblemente y la isla resultará más vulnerable al embate de la marejada.

Aquí cabe señalar que, para justificar el dragado en ese lugar, se dijo que el banco no existía antes del huracán Wilma, sino que se formó con arena transportada desde Cancún por el propio huracán. Cuando, con viejas cartas de navegación, se comprobó que ya existía desde mucho tiempo atrás e incluso se usaba como fondeadero de buques, se dejó de usar tal argumento. Pero la anécdota es buena muestra del tipo de datos técnicos con los cuales quiere apoyarse el proyecto de extracción de arena y la aseveración de que no tendrá consecuencias dañinas sobre el medio ambiente.

Cabe señalar también que, precisamente a raíz del Wilma, se otorgó apresuradamente al ayuntamiento de Cozumel, encabezado por el panista Gustavo Ortega Joaquín, una autorización para extraer arena de ese lugar a fin de rellenar las playas de algunos hoteles afectados por el fenómeno. Pero jamás se hicieron estudios de impacto ambiental. El proyecto, por lo demás, quedó trunco cuando encalló la draga usada para ese fin. Luego, al ser remolcada a Cancún, se estrelló contra un arrecife coralino, dañándolo.

En fin, la llamada restauración de playas de Cancún y Playa del Carmen, tal como se empeña en hacerla el gobierno federal, tiene —para decirlo suavemente— un muy débil sustento técnico y puede tener serios efectos sobre Cozumel.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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