jueves, 3 de septiembre de 2009

Por Tí, Contaría la arena del Mar

Por: Angeles Mastretta


Arena. Escribo arena y una mezcla de furia y pesadumbre me toma el ánimo.


¿Quién se atrevió a imaginar la estúpida idea de que es justo, lícito y lógico llevarse la arena de Cozumel para afianzar las playas de Cancún?


Cozumel es el sueño de un dios arrebatado por la paz y la belleza. Tocar su entorno, trastocar el orden de su alrededor es una barbaridad que no podemos permitirnos, ni permitir. Lo digo con una certeza que tiembla. Y con miedo. Porque no sé me ocurre qué haremos para no permitirlo. Tantos y tan pocos. Tan apasionados como inofensivos.


Pienso ahora en los miles de fervientes marinos que viven en Cozumel, en sus febriles visitas, en mis amigos, en Isabel Turrent cuyo ordenado resumen de la situación he leído esta mañana. Pienso hasta en la incapaz de mí, una escritora atarantada atisbando el horizonte que oscurece en la ciudad de México, mientras hago una homenaje a quienes se atreven a no querer que se destruya lo bien construido, y me pregunto ¿qué podemos hacer? Los habitantes de la isla más querida del mundo han visto ahora bajar el sol para hundirse en el mar que cobija especies preciosas, caracoles rosados, luz de otros milenios, y no saben qué podrá pasar por ellos. Quieren dar la batalla. ¿Pero cómo?


Suena aberrante, pero hay tal cosa como un fideicomiso, integrado por la Secretaría de Turismo, Banamex, la ¡Secretaria de medio Ambiente y recursos naturales! y el gobierno del estado de Quintana Roo que se propone financiar un proyecto, de mil millones de dólares, destinado a extraer entre cinco y seis millones de metros cúbicos de arena, (de la dormida arena del banco norte de la isla, dichosa arena que el universo y sus leyes pusieron ahí, para nuestra fortuna, porque gracias a ella esa parte de la isla ha resultado menos lastimada por los ciclones), para trasladarla a las célebres playas de Cancún. Playas divinas, bien amadas, llenas de recuerdos y prodigios que ha destrozado la ambición. Porque unos bárbaros, para construir ahí sus magníficos, pero desquiciados, hoteles, destruyeron un manglar prodigioso que debió ser sagrado.


No se sabe si con mil millones de dólares y cinco mil metros cúbicos de arena podrá corregirse el mal. Por si las dudas puede haber una prórroga para extraer hasta veintiún millones de metros cúbicos en los siguientes diez años.


Es cierto: un millón de personas dependen del turismo en Cancún y la Rivera Maya, no pueden caerse sus trabajos ni quedarse sin playas todos los hoteles en que tanto se ha invertido. Verdad, pero piensen en otra idea. ¡Piensen! Se supone que para eso están. ¿No hay arena más cerca de Cancún? ¿Arena de esos rumbos? Arena que con el tiempo, como sucederá, se lleven los huracanes y las tormentas al fondo de aquel mar, sin haberse llevado el fondo del de Cozumel.


Después del huracán Wilma en 2005, se rehicieron las playas de Cancún, ahora otra vez, y ¿hasta qué día durarán? ¿Hasta qué tormenta?


La naturaleza deshace y hace su trabajo. Dejémosla en paz. La tersa arena de Cozumel es aún más fina que la de Cancún. Y al construir los hoteles sobre la duna, dando permisos para destrozar el manglar, en Cancún, se propició una irremediable desgracia ecológica. Sabiendo la delicadeza del medio, su fragilidad, es una locura irresponsable y arbitraria atentar así contra su precaria estabilidad. Tengan inteligencia. Y humildad.


Punto: Ha pasado la tarde y empezará la noche mientras yo sigo aquí, soltando las horas como quien juega arena entre las manos. Dejándola estar.


Tonada para hoy: “Mira que pa mí en el mundo, No hay na más que tu…”

1 comentario:

Celebremos el Dia de la Tierra Cozumel dijo...

Cozumel es un paraiso .El cielo en la tierra. Es nuestra casa .Quien estaria dispuesto a vender nuestra barrera natural de proteccion contra los huracanes ? No los que vivimos en la isla !!!!